rafael castillo

psicoanalista

VIOLENCIA DE GÉNERO. GÉNEROS DE VIOLENCIA.

¿Un duelo ante una ofensa amorosa es violencia de algún género? Sí. La violencia es la aplicación desproporcionada de fuerza física o emocional. Pero el género es algo que incluso puede ser neutro. Entonces, si hay conflictos masculinos, o femeninos, pero hay elementos neutralizadores éstos se pueden controlar, y cuando no, derivan en violencias de todo género. Especialmente entre líderazgos sociales prepotentes y sádicos. Ahora bien, sólo cuando partimos del amor que se transforma en odio o desprecio hablaremos de violencia de género. De fuerzas desproporcionadas, ocasionales o no, y de relaciones de hombres, mujeres, homo, entre sí asimétricas, con sometimiento y maltrato. Parece que está claro, pero si digo que no te quiero, cuando te acabo de conocer, nadie se extraña. Pero si le dices a la madre de tus hijos, después de cuarenta años conviviendo juntos, que la dejas por otra, la cosa cambia. ¡Amar o no amar, no es cosa de voluntades! ¿qué es lo que ha cambiado? Pues que ahora cualquier alianza de pareja puede ser anulada, o negociada sin requerimientos previos. Se acabó el amor, adiós. Todo es muy democrático. Pero ¿en el amor se siguen reglas democráticas? ¿amor y enamoramiento, son lo mismo? ¿el capricho sostiene lo duradero si hay dólares? ¿una historia de amor la viven dos o la vive cada uno por separado? ¿y entonces es la misma historia? …

A su vez, el máximo de contingencia amorosa resulta al tratar los sentimientos como si fueran mercancías, ahora invierto en la relación ahora la amortizo. Lazos afectivos y compromisos precarios entre individuos que socialmente viven a su vez en la precariedad. Una mujer, o un hombre, no preparado para la eventualidad de los lazos amorosos de nuestro tiempo, no entenderá la ruptura de una alianza duradera y de por vida. Con la erosión de los compromisos sociales y personales, la “esperanza de vida familiar” ha disminuído ostensiblemente (faltan datos). Esa duda ante un futuro incierto no genera sino estrés y ansiedad. Miedo e inseguridad. La agresividad surge esponánea cuando el miedo aprieta. Si faltan las palabras que medien en cualquier temor grave, la violencia puede irrumpir para ocupar ese espacio sin palabras. Aunque en la mayoría de los casos la violencia empieza mostrando un sometimiento ambivalente entre víctima y agresor, también alguien que es agresor puede transformarse en víctima. Lo que hace difícil desactivar la violencia escalonada que generan tales disrupciones, y prever cómo se producen y actuar a tiempo. Pero lo que sí sabemos es que “el pasaje al acto” (en clínica: acto violento) es un proceso psicológico donde el sujeto agresor actúa y rompe la realidad para mantener la suya intacta, así su realidad queda a salvo, fuera de discusión y del tiempo, de ahí que la agresión mortal surge porque la muerte está sellando la imposibilidad de ruptura de un vínculo amoroso previo. Esa situación límite es la que hay que evitar.

Así pues, para distinguir estas relaciones hay que reconocer que las familias se organizan gracias a la constitución subjetiva de cierta ilusión grupal, que es un sistema de creencias y actitudes propio de cada núcleo. Actúa a modo de emblema o relatos (heráldica): prestigio, profesión, gremio, casa, coches, vacaciones,… Mediante este esquema todos los miembros del grupo disponen de rasgos y conductas comunes al tiempo que poseen su ubicación singular correspondiente. Si en el grupo, domina sobretodo la dependencia, el apego emocioanl y los celos, el enfrentación es posible y la devoración interna es previsible. Estas familias dejan de hablarse, incluso se aniquilan entre ellos (puede haber precedentes). Cuando el dominio es despótico (aunque sea una mujer quien lo represente) se producen malos tratos, con ataques y fugas, encuentros y desencuentros, no necesariamente definitivos. El poder y el dinero es la clave de estas exclusiones y humillaciones (generan precedentes). Y cuando la relación entre adultos es equilibrada, afectuosa, dialogante, todo el grupo interactúa y se producen sinergias que los proyectan hacia el porvenir. Ahí crecen y se desarrolan individuos capaces, creativos, responsables, y nuevas familias emprendedoras, colaborativas y democráticas, tejedoras de un tiempo nuevo que les tocará vivir.

Benimaclet, Valencia, 2017. ©Rafael Castillo Moliner. Psicoanalista

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: